domingo, septiembre 09, 2012

A tientas



Alejada de la realidad y ya cansada, miró a su alrededor e intentó buscar el camino. Nunca supo muy bien a quién preguntarle, ni siquiera sabía si tenía o debía preguntar o simplemente intuir el camino.

Los pies le pesan cada vez más. Su alma llena de dolor y tristeza camina a ras de suelo, muy cerca de sus pies, casi impidiendo que se forme su sombra, haciendo que el sol siempre parezca que está perpendicular a su cabeza, abrasando y quemando sus pensamientos. Pesa... Como las cadenas le pesan a un fantasma, como pesan las condenas, me pesa el alma cargada de llantos y soledad.

Quiso explicar con palabras los anhelos de su corazón y erró, las palabras no siempre son entendidas y menos cuando vienen de un corazón acelerado y con unas ganas locas de amar, enloquece el amor y enloquecen las palabras, nublando cualquier atisbo de luz en el camino. Oscurece, oscurece el corazón, apaga llamas y roba ilusiones. Cómo me pesa el alma, qué perpendicular está el sol, que ciegas son las palabras que sin avisar se cuelan en nuestros oídos.

Tus ojos, definición de otro mar, ahora tan oscuros y lejanos, tan llenos de nada. Y el silencio otra vez, cogido de la mano del vacío, saludan a mi alma cordialmente, como si auguraran toda una vida juntos, como si supieran el destino final de todo esto.

El caos. En mi cerebro se agolpan las ideas, me recuerdan a un montón de atunes tratando de salir de las redes de los pescadores, luchando con todas sus fuerzas, pero atrapados con enormes cuerdas tan invisibles al principio y tan infranqueables ahora que las veo. El caos, amotinado en mi cerebro no le cuesta demasiado bloquearme, soy débil, me ahogo, me pierdo en un mar ensombrecido por la tristeza.

Caigo, en un agujero inhóspito lleno de almas errantes, lleno de almas perdidas. Caigo...

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